El otro día una persona me hablaba del conflicto que le generan algunos gustos que tiene su pareja en la cama y me quedé pensando en esta cuestión de lo que está bien y lo que está mal en el sexo.

Michell Foucault escribía en su libro historia de la sexualidad «Si el sexo está reprimido el solo hecho de hablar de él y hablar de su represión posee un aire de transgresión deliberada»

Y siguiendo con este filósofo en este mismo libro él decía: «Tanto en el espacio social como en el corazón de cada hogar, existe un único lugar de sexualidad reconocida como utilitaria y fecunda: la alcoba de los padres»

Y desde ahí se va transmitiendo este concepto de lo bueno y lo malo. Ya que se nos enseña que hablar de sexualidad es algo privado, que solamente los adultos en pareja pueden hablar del tema (en el mejor de los casos porque esto muchas veces tampoco se da en las parejas) y algo que sin duda me va a limitar para disfrutar de mi sexualidad son esos juicios

Juicios que he aprendido. ¿Qué pasa por ejemplo si un adulto ve a un niño o niña tocando sus órganos sexuales? Rápido aparece el «déjese ahí».

educación integral de la sexualidad Tijuana

Y sin ir tan lejos a la infancia: ¿Podrías decir con certeza total qué es normal en sexualidad?

Como sociedad le damos mucho peso a los uniformes: la bata del médico o psicólogo, la sotana del sacerdote. Estás formas de autoridad han delimitado qué está bien o mal en la práctica privada de la sexualidad individual.

Tenemos ideas preconcebidas de las cosas:

Si alguien nos dice: «Piensa en un perro», cada quien traeremos a la imaginación algo diferente asociando adjetivos, e ideas relacionadas con la palabra perro.

Si te gustan, seguro imaginarás algo tierno o “bonito”. Diferente a si tienes el recuerdo de una experiencia desagradable con algún perro.

Cada quien, cuando imaginamos algo, lo asociamos a diferentes cosas según nuestra experiencia, cultura, edad, religión, etc.

Y la sexualidad también está asociada a muchos aprendizajes.

¿En qué nos basamos entonces para definir si algo está bien o está mal?

normal en el sexo

Si hablamos de una norma en estadística, lo que hace el 95% de una población se considera normal.

Desde la medicina, los parámetros fisiológicos “normales” se asocian a lo bueno.

Que, si bien hay parámetros inamovibles, como la temperatura corporal, no aplica igual en sexualidad ya que esta se construye desde varios lados.

En materia de sexualidad no es tan simple clasificar de bueno o malo.

Se habla de que las diversidades son minoría. Estadísticamente hablando, 4 de cada 10 personas en México no es estrictamente heterosexual ni tiene prácticas 100% heterosexuales.

Para hablar de que esto es anormal, lo tendría que hacer solamente el 5%, cuando en realidad hablamos del 40%. Una minoría bastante amplia, ¿no crees?

Y aunque hablemos puramente de estadísticas, una cosa es la estadística y otra cosa es lo que “marca” el contexto específico, sea sexológico, religioso, cultural.

Desde la moral, si no seguimos el camino marcado, ya perdimos. Se nos enseña desde el miedo y las culpas, devaluando nuestra humanidad.

Ejemplo la virginidad, que mide la calidad de las personas en función de si han tenido vida sexual o no y con cuántas personas. Se habla de que una mujer “Virgen” es buena mujer, no así en el caso de los hombres que son presa de burlas por parte de otros hombres o hasta de algunas mujeres.

No podemos olvidar que la ética o la moral se vincula a lo religioso.

En este sentido, la religión judeocristiana marca muchos de los parámetros de lo que está bien o mal por ser la religión dominante en nuestra educación.

Algo que caracteriza a las conductas que aún están en debate si son enfermas o no, según esta base, es que no llevan a la reproducción.

A lo largo de la historia, el pueblo judío ha estado en frecuentes amenazas de extinción, por lo que la preservación de su cultura requiere de todo lo que resulte en reproducción.

Muchas de las leyes que se establecen en el antiguo testamento traen entonces los “arreglos” necesarios para que todo apunte pues a reproducirse.

Leyes como la impureza de la menstruación. Esta ley dice que, si una mujer está reglando, no se puede tocar; contando desde el primer día del sangrado y considerando que en promedio el sangrado dura 5 días, esta ley dice que el contacto puede ser hasta 7 días después, curiosamente en los días más fértiles de la persona gestante (ovulación).

Esto resulta en que la mayor parte de las relaciones sexuales darán lugar a embarazos.

El sexo anal, sexo oral, el uso de condón, sexo entre personas del mismo sexo, la masturbación, etc., que no darán como resultado la reproducción, terminan siendo malas.

Además, siguiendo la interpretación del modelo médico tradicional, el esquema clásico salud-enfermedad, esta también es la actitud y practica: atribuir enfermedad a una conducta no convencional.

Pensemos por ejemplo en una pareja digamos de unos 25 años que vive su sexualidad de forma responsable; pensaríamos quizás sin ningún juicio específico que está bien, tal vez ni siquiera cuestionaríamos el tema.

Pero ¿qué si este par de personas que vive su sexualidad de forma responsable no tiene 25 años sino 16?

O ¿qué si son dos chicos o dos chicas de 14 años que comienzan a explorar su sexualidad juntos o juntas?

¿Qué si esta pareja son dos mujeres de 80 a 85 años?

¿Qué cambia en ti cuando lees esto, cómo cambia esa imagen de la pareja saludable y responsable?

Con esto en mente, quiero compartir contigo un apretado resumen de los principios que personal y profesionalmente perfilan mi visión de la sexualidad humana. Este resumen es basado «En las alas del placer«, libro de David Barrios que encontrado coincidente con mi perspectiva:

1. Respeto a la diversidad sexual y erótica de los seres humanos.

Hay comportamientos sexuales extremadamente variables de cultura a cultura; entre los diferentes grupos humanos; en los distintos sectores de población que conforman a una sociedad y hasta en una misma persona a lo largo de su proceso vital. Comportamientos que son vistos como “anormales” o “antinaturales” en algún lugar, se alientan y se consideran deseables en otro. La existencia de guiones sexuales (lo que se acepta y se rechaza en materia de conducta sexual) corresponde no a un orden natural, sino a un orden social impuesto.

2. Reivindicación del derecho al placer, cuando éste se produce en un ámbito de respeto hacia sí mismo(a) y los(as) demás.

Vemos los impulsos sexuales como fuentes de recreación y goce, como factores de bienestar irrenunciable cuando se manifiestan con respeto. Por ello buscamos reivindicar el pleno derecho al placer erótico. Este es esencia de la salud sexual.

3. Objeción al modelo salud-enfermedad como criterio único de valoración de las conductas sexuales.

El modelo médico clásico basado en la antinomia salud-enfermedad, ha sido fundamental en el diagnóstico, detección y tratamiento de enfermedades diversas.

Sin embargo, la aplicación de este modelo para clasificar a los comportamientos sexuales considerados indeseables deja de observar que el ser humano es eminentemente social y que, como decía, todo lo que realice en este aspecto corresponde a su naturaleza social.

4. Refutación a la ideología meramente reproductiva en las relaciones eróticas.

No sólo es falso que la reproducción biológica es la única o principal función de la sexualidad, sino que hay un creciente número de parejas que se ocupan por posponer, impedir o espaciar los embarazos, lo cual ha sido favorecido por la aparición y disponibilidad de los métodos anti fecundativos

5. Reconocimiento y promoción de la equidad entre los géneros.

Es también imprescindible revisar críticamente el sexismo y sus consecuencias negativas para los varones y las mujeres, así como la formulación de estrategias educativas que abran posibilidades al cambio necesario

6. Atención a las necesidades de la persona en relación con la educación integral de la sexualidad, orientación y terapia de los problemas sexuales, independientemente de las normatividades.

La sexología humanista centra su atención en las necesidades de la persona, desde una educación integral en sexualidad hasta en las relaciones profesionales de ayuda (orientación y terapia).

La postura que, como sexólogo humanista, promuevo, no es valorativa, es decir no veo la sexualidad desde esta perspectiva de «bueno-malo», sino que es descriptiva y propositiva para abordar respetuosamente las distintas sexualidades de las personas, con sus peculiaridades, sus cambios y sus conflictos.

Una postura que comprende sin patologizar, que busca conocer lo que sucede en las personas sin diagnosticar y que ayuda al crecimiento personal sin perjudicar a los seres humanos con pretexto de “curarlos”.

En el acompañamiento sexológico no buscamos diagnósticos, sino autoexploración y autoconciencia.

Como sexólogo humanista no ofrezco curación o tratamiento, sino fomento al desarrollo del potencial humano y desbloqueo de las pautas que obstruyen o dificultan ese desarrollo.

Todo esto para decirte que no hay algo que sea inherentemente bueno o malo en tu sexualidad.

Mientras no se transgredan los límites y el bienestar propio y de las demás personas y sea consensuada y gratificante, toda practica sexual es rica en sí misma.

Y sin más por ahora, me despido esperando saber de ti pronto.

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