«Cada cuerpo» (Every Body) es el tema del Día Mundial de la Salud Sexual 2026; una declaración de que la salud, los derechos, la justicia y el placer sexuales pertenecen a todas las personas —en cada cuerpo— sin excepción.
El Día Mundial de la Salud Sexual (DMSS) es una iniciativa global anual de la Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS). Cada 4 de septiembre, profesionales de la salud, activistas, educadores, investigadores y comunidades de todo el mundo se unen en torno a un tema común. Para 2026, ese tema es «Cada cuerpo».
Los cuerpos son personales, relacionales y políticos. Vivimos, nos expresamos y experimentamos a través de ellos: preguntando, eligiendo, rechazando, deseando. Todo ello comienza en nosotros mismos. Continúa en nuestras relaciones, en la educación y los servicios a los que podemos acceder, y en la cultura, la fe, la tecnología y las leyes que determinan qué sexualidad recibe protección y cúal es castigada o reprimida.
Nuestros cuerpos: donde se viven la sexualidad, la salud, los derechos y la justicia
1. Nuestros cuerpos y nosotras mismas. Nuestro para conocerlo, explorarlo y disfrutarlos plenamente. El placer, el deseo y la capacidad de decisión (agencia) forman parte de la salud sexual, a cualquier edad y en cada cuerpo. Sintámonos a gusto en ellos.

Nuestros cuerpos son una fuente de placer, deseo y posibilidades. La sexualidad es un aspecto central de la experiencia humana a lo largo de la vida —en lo que pensamos, imaginamos y deseamos; en nuestras fantasías, creencias y valores; en el placer, la intimidad y la conexión. La salud sexual es bienestar en relación con todo ello, no simplemente la ausencia de enfermedad.
La igualdad —independientemente de nuestro género, raza, color, edad, nivel socioeconómico, religión, condición de migratoria o discapacidad— implica que todas las personas puedan buscar y vivir una vida plena en igualdad de condiciones.
El placer, el deseo, la curiosidad, el afecto, el contacto físico, la intimidad, el reconocimiento y el sentido de pertenencia forman parte de la salud sexual. Con nuestros cuerpos sentimos, deseamos, respondemos, cambiamos y experimentamos placer. La capacidad de decisión en el ámbito sexual incluye desear, iniciar, elegir, explorar, cambiar de opinión y decidir por nosotras mismas qué significa la sexualidad.
Además, los cuerpos no son estáticos: la pubertad, el embarazo y el parto, la enfermedad, la discapacidad, la menopausia, el envejecimiento, los tratamientos médicos y la transición de género pueden transformar la manera en que habitamos nuestros cuerpos y vivimos la sexualidad. La sexualidad puede renegociarse en cada una de estas etapas, en lugar de medirse frente a un cuerpo o una función sexual idealizados.
2. Nuestros cuerpos en relación. Las personas, comunidades e instituciones más cercanas a nosotros —parejas, familias, líderes religiosos, escuelas— pueden apoyar nuestra sexualidad o controlarla. El respeto a la integridad corporal, a la capacidad de elección y al consentimiento es lo que defendemos mutuamente y lo que cada uno de nosotros puede esperar a cambio.

Las relaciones adoptan muchas formas: románticas, familiares, de amistad o comunitarias. Cada una de ellas moldea la manera en que vivimos en nuestros cuerpos, aquello que nos sentimos libres de desear y cómo entendemos el placer. Estas relaciones conllevan apoyo, compañía y un sentido de pertenencia.
Las familias, las comunidades, los líderes religiosos, el profesorado y las parejas influyen en cómo percibimos nuestros cuerpos y en lo que aprendemos sobre el placer, la orientación sexual y el género. Influyen en qué deseos se consideran aceptables y cuáles no, y en si se reconoce siquiera que tenemos una sexualidad.
Esas mismas relaciones pueden abrir la sexualidad o restringirla; pueden brindar la libertad de explorar y desear sin sentir vergüenza.
Esa libertad se hace realidad cuando se respetan el consentimiento y la negativa en nuestros propios hogares y relaciones, que es donde ocurre la mayor parte de la violencia sexual. Cuando no se controla la sexualidad de niñas y mujeres mediante la mutilación genital femenina ni se alteran sus cuerpos. Cuando no se obliga a menores a contraer matrimonio ni a entregar sus cuerpos para el sexo y la reproducción. Cuando la orientación sexual, la identidad de género y la expresión de género no se tratan como algo que deba corregirse. Cuando los niños y niñas intersexuales llegan a la edad adulta con sus cuerpos intactos y manteniendo la capacidad de tomar sus propias decisiones. Y cuando a las personas con discapacidad no se les niega su sexualidad ni se decide sobre ella por ellas.
La salud sexual requiere un enfoque positivo y respetuoso hacia la sexualidad, nuestros cuerpos y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de vivir experiencias placenteras y seguras, libres de coacción, discriminación y violencia.
Lo que sustenta esto entre las personas es la confianza, la comunicación y el respeto mutuo. La integridad corporal y el consentimiento son aquello que defendemos mutuamente y lo que cada uno de nosotros puede esperar a cambio.
3. Nuestros cuerpos y los sistemas que nos rodean. La educación, la información y los servicios son los medios a través de los cuales el derecho a la salud sexual llega a las personas. Funcionan mejor cuando abordan el placer, apoyan a las personas en todas las etapas de la vida y no excluyen a nadie.

Todas las personas tienen derecho al nivel más alto posible de salud y bienestar en relación con la sexualidad, así como a recibir información y servicios científicamente precisos y comprensibles sobre sexualidad, salud sexual y derechos sexuales. Las escuelas, las clínicas y los servicios comunitarios son los espacios donde estos derechos llegan a la población.
La educación integral en sexualidad es el punto de partida para la mayoría de las personas —ya sea en el aula, en entornos comunitarios o, cada vez más, en línea—, llegando incluso a quienes no están escolarizadas. Esta educación construye conocimientos paso a paso, adaptándose a la edad y a la etapa vital de cada persona, y aborda temas como el cuerpo, las relaciones, el consentimiento, el género y el placer. Al ser precisa, adecuada para la edad y libre de ideologías, proporciona a las personas lo necesario para comprender su cuerpo, su sexualidad y su salud sexual, así como para tomar sus propias decisiones.
La educación sexual y los servicios de salud son más eficaces cuando hablan de placer. Las estrategias de prevención del VIH y de las infecciones de transmisión sexual (ITS) que abordan el deseo y el placer logran un mayor uso del preservativo que aquellas centradas únicamente en el riesgo. Los servicios que preguntan a las personas qué desean de su vida sexual —y no solo qué deben evitar— les ayudan a descubrir qué es lo que realmente les funciona.
Las necesidades de salud sexual cambian a lo largo de la vida, y los servicios deben ser capaces de adaptarse a ellas. Quienes inician su vida sexual, independientemente de su edad, pueden necesitar anticonceptivos y lubricantes, pruebas y tratamientos para el VIH y otras ITS, así como alguien con quien hablar sobre el deseo, la satisfacción y las dificultades que surgen al vivir su sexualidad.
Decidir si tener hijos o no es una cuestión de salud sexual y reproductiva, autonomía e integridad corporal; por ello, las personas pueden requerir anticoncepción, servicios de interrupción de embarazos o atención relacionada con la fertilidad. El embarazo y el parto, la menopausia y la andropausia, las enfermedades y sus tratamientos, así como la vejez, transforman la vida sexual, y los servicios deben acompañar a las personas a través de estos cambios.
Los servicios de salud sexual deben estar disponibles para todas las personas en igualdad de condiciones, independientemente de su edad, identidad de género, raza u orientación sexual, de si ejercen el trabajo sexual, de si viven con alguna discapacidad o de si cuentan con recursos económicos suficientes para pagar la atención. Los adolescentes deberían poder realizar consultas por su cuenta, sin el consentimiento de sus padres, cuando ello contribuya a su interés de llevar una vida sexual segura y satisfactoria.
4. Nuestros cuerpos y la política de la sexualidad. La cultura, la fe y la tecnología moldean nuestros deseos, y la ley decide qué sexualidad se protege y cuál se castiga. Los derechos sexuales son derechos humanos, y la justicia sexual es lo que los pone al alcance de todas las personas. Seamos libres y respetados.

Los medios de comunicación, el arte, la fe y la tecnología nos brindan un lenguaje para el placer, imágenes en las que reconocernos y comunidades a las que pertenecer. También conllevan estigma y vergüenza; en el entorno digital, propagan tanta desinformación sobre el sexo como información veraz.
Las leyes y las políticas establecen el marco en el que actúan los gobiernos y la ciudadanía. Determinan qué se enseña en las escuelas, qué servicios reciben financiación y qué se puede expresar públicamente.
Todas las personas tienen derecho a pensar, hablar y expresarse libremente sobre la sexualidad, a organizarse y participar en la vida pública, así como a buscar justicia y reparación cuando se vulneran sus derechos. La justicia sexual aborda las condiciones que determinan quién puede ejercer esos derechos y quién no; no es posible alcanzarla al margen de la justicia de género, racial, económica, climática y sanitaria.
Las leyes y políticas deben basarse en evidencia científica y respetar los derechos y la justicia sexuales. Los servicios y la educación integral en sexualidad deben llegar a toda la población. Es preciso combatir la desinformación y la censura, así como garantizar una financiación sostenible y equitativa.
Al final, el Día Mundial de la Salud Sexual nos recuerda la importancia del autoconocimiento y la educación integral en sexualidad. El Día Mundial de la Salud Sexual en definitiva no es una día que pueda pasar desapercibido. Y si quieres vivir una sexualidad mas plena y satisfactoria, contáctame y programemos una consulta. Atiendo presencial en Tijuana y Ensenada y de manera virtual hasta tu casa u oficina.

Psicólogo, psicoterapeuta, sexólogo y tallerista. Disfruto muchísimo escribir y me encantaría saber tus impresiones sobre lo que acabas de leer, así que no dudes en contactarme por cualquiera de mis redes sociales.
