Pensamos en el deseo sexual y asumimos que es algo que sucede de manera natural, sin tener que hacer nada, ni mucho menos pensamos en buscar terapia de pareja en Tijuana o cualquiera que sea nuestra ciudad de residencia. Por lo tanto, no contemplamos la posibilidad de que se vaya a desvanecer y, lamentablemente, dejamos de hacer todo eso que tal vez hicimos —conscientes o no de ello— al inicio de la relación.

Cortejábamos, seducíamos, planeábamos las salidas y sabíamos cuándo tendríamos un encuentro erótico. Cuidábamos qué ropa ponernos, a qué lugares ir, quizá buscábamos el contacto físico en cualquier oportunidad o pasábamos largas horas platicando o chateando. Y, aun así, seguimos pensando que el deseo aparecía mágicamente de forma espontánea.
Entonces llega lo inevitable: de pronto ya pasa una semana y no hemos cogido; de pronto ya es un mes y nadie siquiera lo menciona. Aparece el silencio. Un silencio que guarda resentimientos, donde se remueven heridas de abandono y de rechazo. El silencio crece y, con él, la distancia emocional.

Lo anterior hace evidente que el deseo no siempre es espontáneo. Si es que alguna vez lo es. El deseo necesita estímulos, pláticas, momentos de presencia y caricias (tanto físicas como del alma). Todo eso que nos recuerda que somos amados, que somos importantes y que existimos; eso que nos permite ver y ser vistos.
Una de las maneras más a la mano para alimentar el deseo es provocar estímulos a través de los sentidos: tocarnos, olernos, probar nuestros sabores (con la debida higiene según el gusto de cada pareja), expresar y escuchar las expresiones de placer, y ver con atención nuestros cuerpos perfectamente imperfectos.

Terapia de pareja en Tijuana esta disponible con Orlando Perez


Hacer esto con atención y con intención es una manera práctica y viva de amar, de amarse. De recordarse mutuamente por qué se siguen eligiendo.

Sin embargo, si aquellos resentimientos han echado la suficiente raíz, el contacto físico tal vez no sea tan simple. Se vuelve necesario encontrar maneras y crear espacios seguros para la vulnerabilidad; para encarar lo que nos duele, lo que nos limita, y hacerlo de alguna forma que facilite tocar y sanar los corazones.

Para eso está pensado este taller. Volver a nosotros no es solo una metáfora que invita a mirar hacia el interior, es también una declaración del objetivo a cubrir como pareja en este encuentro. Trabajaremos en movimiento, como una danza entre la conexión interna y el contacto con el otro.