La terapia de pareja busca nuevas posibilidades de relacionarse mutuamente; de acuerdo con las características de personalidad, necesidades y potencial de cada pareja y de cada persona que la compone. También, permite facilitar una mayor comprensión de uno mismo, de su compañero y de la relación; abrir o mejorar canales de comunicación; cambiar patrones de relación disfuncionales; manejar conflictos del presente y heridas del pasado; y fomentar el desarrollo tanto individual como en pareja.

La acumulación de situaciones problemáticas no solucionadas suele conducir a algun tipo de crisis, y los desafíos que surgen no siempre encuentran respuestas en el repertorio de acuerdos y soluciones de la pareja, y es entonces cuando la terapia puede actuar como un recurso, ofreciendo nuevas perspectivas para mejorar la relación.

El trabajo consiste en intervenciones sobre el funcionamiento de la relación, aumentando la capacidad de la pareja para abordar situaciones complejas o difíciles, por ejemplo, infidelidad, celos, agresividad y violencia, depresión, problemas sexuales, desacuerdos financieros, problemas con la familia de origen, diferencias en cuanto a la crianza de los hijos, entre otros.

La terapia también puede actuar como soporte cuando una pareja decide separarse, divorciarse, o concluir un noviazgo. El trabajo probablemente será duro, pero el cambio es un proceso natural y si una persona logra revisarse antes de juzgar al otro, los cambios internos serán significativos. Cuando hay hijos de por medio, sus padres pueden lograr respeto con el compromiso de una convivencia tranquila.

Si bien lo más deseable es que la pareja acuda junta a terapia, en ocasiones; uno de los dos se muestra renuente a acudir con un terapeuta, pero el que decide acudir de manera individual puede comprender la problemática que aqueja a ambos y llevar a cabo estrategias de afrontamiento al conflicto, provocando cambios favorables en la forma de relacionarse. Muchas veces, el miembro que no acude a las sesiones genera una expectativa al experimentar la modificación de las actitudes y conductas del otro; entonces comienza también a comunicarse de manera más abierta, y termina participando activamente en la mejora de la relación, aunque no asista.

Siempre hay vías de solución.